+++ A petición de Imperator, expongo aquí
la reformulación del Síndrome de Estocolmo en términos de empresa/trabajador.La definición de
Síndrome de Estocolmo según la Wikipedia es la siguiente:
El síndrome de Estocolmo es un estado psicológico en el que la víctima de secuestro, o persona detenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador. Podemos generalizar el fenómeno si entendemos los términos "secuestrador" y "secuestrado" en un sentido más amplio, mediante la sustitución de la idea de
detención contra la voluntad de uno por
control sobre uno.Los trabajadores por cuenta ajena, entre los cuales me cuento ahora,
raramente tenemos una cuota de control importante sobre nuestro trabajo. No fijamos nuestro horario. No fijamos los objetivos. No fijamos la organización. Son más las parcelas sobre las que no hay control que las que nos dejan margen.
A veces, mediante pequeñas artimañas, rescatamos parte de la autoventa de ganado, pero el resultado final es ilusión más que otra cosa.
Quizás estamos haciendo algo diferente de lo que nuestro empleador quiere que hagamos pero, no nos engañemos,
eso no quiere decir que estemos haciendo lo que queremos. Si el juego es tenernos
"secuestrados", ellos ganan. Y a veces, además, ganan pasando el rodillo sobre nosotros, que es de lo más desagradable.
Entre las posibles reacciones a esa situación están la lucha frontal (escasas posibilidades de éxito cuando se emprende en solitario), el tira y afloja y, por último, el Síndrome de Estocolmo.Cuando te presionan para que eches más horas de las que te pagan, en lugar de negarte o negociar algún tipo de compensación,
la parte de nosotros que se encarga de la autoconservación nos hace cerrar el pico. Inmediatamente,
la parte de nosotros (otra distinta, supongo)
que se encarga de preservar nuestra dignidad empieza a buscar una explicación satisfactoria.La más fácil es
"yo soy parte de la empresa, y debo sacrificarme por el bien de todos. Soy parte del equipo. De hecho, soy una parte importante, hasta el punto de que necesitan tanto mis aportaciones que 8 horas no bastan".La parte que se encarga de que no nos parezcamos demasiado gilipollas a nosotros mismos le aplica un lifting, un peeling y un eslogan molón al entrecomillado de arriba.
Y va uno y se lo come con cuchara.Trabajar por cuenta ajena es ahora mismo una realidad insoslayable (al menos a bajo precio) para la mayoría de nosotros. Los empresarios tienen el control de nuestro tiempo durante la jornada laboral, y a veces lo ejercen de manera muy desagradable. Te pueden extorsionar para que curres el sábado, te pueden regatear el merecido aumento de sueldo, incluso te pueden despedir. Es tentador pasar a creerse parte del invento, cual capataz esclavo venido a más. Pero se navega más seguro cuando eres muy consciente de que el que vas atado al remo eres tú, y que eso no hace pensar que serás la primera a la que rescaten si se hunde la galera.
Para prevenir el Sídrome de Estocolmo recomiendo
trabajar en una labor que tenga sentido por sí misma independientemente del favor que te haga ganar ante los ojos de tus superiores jerárquicos, decidir c
uál es el límite aceptable mucho antes de que se acerquen a traspasarlo y
reírte a carcajadas cada vez que alguien declame eso de que la lucha de clases es agua pasada.