| 8/28/2002 |
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Ciencia ficción
Tengo exámenes la semana que viene. La consecuencia natural es que estoy poco lúcida para escribir (no esperéis un gran estilo hoy, gracias) y que leo ciencia ficción a saco: "La Paja en el Ojo de Dios" y "El Tercer Brazo", ambos de Larry Niven y Jerry Pournelle. Muy entretenidos.
Me los ha prestado beor, que tiene una estupendísima biblioteca. Gracias a él he leído la tetralogía de Hyperión (HYPERION, LA CAIDA DE HYPERION, ENDYMION y EL ASCENSO DE ENDYMION) de Dan Simmons, autor con el que me reconcilié tras la lectura de esos cuatro libritos.
Cuando se habla de ciencia ficción, es frecuente que salga a relucir "El Juego de Ender", de Orson Scott Card. A menudo es catalogado de "libro de ciencia ficción favorito" por alguno de los participantes en la conversación. Yo lo leí. Me gustó mucho. Me emocioné. Pero tiene un fallo garrafal como novela.
La diferencia entre la fantasía y la mentira en literatura procede de la lógica interna del universo que se narra. La lógica de el Juego de Ender en lo relativo a la caracterización de los personajes se cae sola.
Para quienes no la hayáis leído, diré que la acción transcurre en su mayor parte en una academia militar ubicada en el espacio. A esa academia solo acceden niños que han demostrado ser singularmente inteligentes, con el fin de prepararlos para la gran batalla contra los alienígenas. Ender es seleccionado e ingresa en la academia con seis añitos.
El compañero Orson no tiene mucho contacto con niños, cosa rara siendo mormón, que los lanzan al mundo por docenas. En su caso, los verá al darles las buenas noches y poco más, porque los niños de su novela son adultos bajitos disfrazados, pero no piensan ni actúan como niños. Ender menos que ninguno.
"Ya,"-me dicen-"pero es que son superdotados, excepcionalmente inteligentes"...
Los humanos venimos al mundo a medio cocer, si nos comparamos con caballos o abejas. La inteligencia es un potencial que puede desarrollarse o no, pero la capacidad para interactuar con nuestros semejantes está absolutamente condicionada por la experiencia. Y nacemos tan poco acabados que nos hacen falta muchos años de interacción para hacer gala de la espléndida madurez emocional que caracteriza al bueno de Ender, que además es un personaje simpático. Por muy listo que sea, la valoración que hace de sus relaciones con otras personas no es justificable en base a lo inteligente que es. Ender revela una experiencia vital superior en diez años al menos a su edad cronológica. Trampa.
Estoy dispuesta a comerme cualquier rueda de molino conductual relativa a alienígenas, pero no a humanos de seis años. A esos los conozco. He sido una de ellos, y los veo por docenas a diario. Son una gente majísima, seguramente mucho mejores personas de lo que el futuro hará de ellos. Pero no saben relativizar. Son egocéntricos. No son capaces de posponer satisfacciones a medio plazo con vistas a un venidero "algo mejor". Y está bien así, porque es lo normal en su etapa de desarrollo, no problem.
Cuando leía El Juego de Ender, era incapaz de imaginarme a la mayoría de los personajes con menos de catorce años, por muchos esfuerzos que hiciera. La lógica interna de la narración se resquebraja ahí.
Dejando esa cuestión aparte, me encantó.
Y aun más me gustó la segunda parte "La Voz de Los Muertos". Resulta que el amigo O.S.Card es un buenoide que rezuma bondad y buen rollo al escribir, y parece que soy muy sensible a ése tipo de mensaje, porque lloré como una magdalena con el libro. Claro que también tuve que buscar kleenex para terminar Ender, se ve que es capaz de tocarme la fibra sensible toda narración que hable del entendimiento con otras especies.
Me gustan tanto los animales...
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posted by Rapunzell @ 8/28/2002 08:53:00 PM   |
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| 8/26/2002 |
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Hoy no es un gran día, para qué engañarnos...
No por nada en especial. Puede que se deba al cambio de tiempo (lleva tres días lloviendo a ratos) o, más probable, a que tengo tres exámenes la semana que viene, muy mal preparados desde luego, o... Me fastidia encontrarme baja de ánimos sin conocer la razón. Mi sistema de diagnóstico consiste en hacer un repaso de causas probables y observar mis reacciones internas. Generalmente funciona, pero no hay método de detección de errores perfecto.
No problem. Voy a tomarme algo con Tindriel en cinco minutos, y seguro que el tiempo mejora (no el atmosférico, ése va cada vez peor) .
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posted by Rapunzell @ 8/26/2002 08:01:00 PM   |
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| 8/22/2002 |
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Un nuevo enlace
Lobezno ha claudicado y ya tiene blog. Para mí, que aborrezco el teléfono como medio de saber cómo les va a los amigos, está resultando un invento esto de convencer al personal de lo estupendo que es un diario virtual. Así el móvil se reserva para quedar a tomar cañas y enviar algún sms de vez en cuando.
El blog de Lobezno
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posted by Rapunzell @ 8/22/2002 08:22:00 PM   |
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| 8/20/2002 |
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Casas encantadas
Cuando Okka proyecta su propia imagen en su mente, nunca ve un techo sobre ella. Piensa que existen gansos que han nacido para vivir a cubierto, y gansos que están hechos para vivir al aire libre, y ella no es de los primeros.
Esto no quiere decir que no le guste la arquitectura, ni que desprecie el abrigo y la seguridad que una vivienda proporciona. Simplemente, no son motivos suficientes para ella. El tener un lugar donde refugiarse cuando llueve o hace frío es tentador, pero a Okka le parecería injusto poner su nombre en un buzón sólo para garantizar esa comodidad. La relación entre una casa y su ganso es especial, y no debe tomarse a la ligera.
Okka observa con interés cómo se comportan otros gansos. Algunos entran por la primera puerta que ven abierta, y se instalan suspirando con alivio. Otros echan a correr de repente hacia una fachada de su color favorito. Algunos inspeccionan cuidadosamente la sección de anuncios por palabras.
No siempre aciertan con su vivienda ideal por estos procedimientos, pero están a salvo de las inclemencias del tiempo. Puede que intenten hacer algunas pequeñas reformas para estar más cómodos, pero no suele salir bien, al menos no tan bien como quisieran. Si hay corrientes de aire, seguirá habiéndolas por muchas cortinas que pongas, y es posible que la propia casa no se sienta cómoda con metros y metros de terciopelo rojo colgando en sus pasillos... Si se incomoda en exceso, es muy probable que el ganso acabe siendo desahuciado. Claro que también el ganso puede aprender a disfrutar del frío, a tolerar con paciencia la tapicería del sofá, el cuadro de caza de salón, un precio muy bajo a cambio del placer de observar los hermosos, hermosísimos frescos del techo.
A veces, una casa agradece tanto el ser habitada que se esfuerza por agradar a su inquilino. Misteriosamente, las habitaciones cambian de tamaño, los tabiques se desplazan por sí solos, las puertas se abren y cierran mágicamente a lo largo del recorrido diario del ganso. No puede hacerlo constantemente, claro, ni modificar aspectos esenciales de su estructura, o la tensión se hará excesiva y amenazará derrumbe.
Aunque parezca lo contrario, Okka no tiene una visión pesimista de la relación entre gansos y casas, simplemente conoce las dificultades. A lo largo de su vida, Okka ha encontrado gansos que hallaron un hogar ideal, y casas que irradian felicidad cada vez que su ganso roza sus paredes con una de sus plumas. No es fácil conseguir ésa compenetración, pero esos casos existen.
Okka los observa y suspira. No parece que ése sea su destino. A veces siente una pequeña punzada de nostalgia al pensar en ello, pero sólo a veces. Es más fácil que se sienta así los días de lluvia, y eso le hace sospechar que no es un pensamiento muy noble, en realidad. Lo cierto es que cuando recuerda las casas en las que ha habitado alguna vez, siempre sonríe, y eso es bueno.
El mundo está lleno de gansos que palidecen cuando alguien les menciona su última vivienda. Okka piensa que se quedaron demasiado tiempo en un lugar en el que ya no deseaban estar.
Ella no se queda mucho tiempo en ninguna parte. Okka sólo habita casas encantadas, y ésas no son nunca un hogar duradero.
Casi siempre es capaz de distinguir si una casa está encantada o no al primer vistazo. Le resultaría muy difícil decir cómo lo sabe. No tiene que ver con el estado de conservación, ni con el estilo de las ventanas, ni el número de pisos. Es algo más parecido a una sensación, un resplandor tenue que se vislumbra de reojo, y que desaparece si se intenta fijar la atención sobre él.
A Okka le resulta difícil resistirse a esa llamada. Sobrevuela el tejado. Curiosea por las ventanas y picotea la hierba del jardín. Olfatea el umbral de la puerta, pero raramente llama. Generalmente la puerta se abre sola, invitándola a pasar.
Okka no sabe bien por qué ésto es así. No se considera un ganso especialmente decorativo; viaja demasiado como para acicalarse más allá de lo imprescindible, y no siempre encuentra comida suficiente en el camino. Cree que a veces la puerta se abre por su forma de ladear la cabeza mientras escucha, y que otras veces se abre simplemente porque es un ganso y está ahí y no hay nadie más. Le gusta más la primera opción, es cierto, pero no le preocupa demasiado. Lo que quiere Okka es que la dejen entrar a echar un vistazo...
Algunos gansos no llegan a descubrir jamás la magia de una casa encantada. Se necesita paciencia.
Hay que escuchar atentamente cada sonido, por insignificante que parezca. El ruido del agua al deslizarse por las tuberías. El susurro del aire en los visillos, el roce del humo en las chimeneas, el crujir de las vigas en la buhardilla. Incluso el sonido de tus propias patas en la alfombra es singular, único. Y siempre vislumbra ese resplandor que la evita, que se esconde y se escapa, y al que ella pone cerco poco a poco. Y los ruidos y la luz van cobrando sentido, tomando forma. La voz de la casa comienza a aparecer.
Okka no sabe explicar por qué es tan bella la voz de una casa. Quizás por ser tan distinta de su propia voz, quizás porque no hay dos voces iguales. Tal vez porque esa voz es verdad.
Una vez que Okka ha escuchado una voz, quisiera poder oirla todo el tiempo, pero no es posible. Es algo demasiado íntimo para ser compartido constantemente. Cada palabra pronunciada con ella es un pequeño regalo. Sólo es posible disfrutarlo si la propia casa lo permite, y no siempre sucede. Okka ha estado en casas que resplandecían como un cristal al sol, pero que nunca le permitieron entrar lo bastante adentro. Intuir una hermosa canción y que no te permitan oirla es triste. Ella cree que también lo es para la casa, pero nada puede hacerse.
Pero esto ha ocurrido pocas veces. Porque todas las voces, en realidad, quieren ser escuchadas, así que sólo hay que intentarlo el tiempo suficiente. No importa que los muebles sean incómodos, que haga demasiado calor, que el paisaje sea triste. Eso es soportable si puedes escuchar esa voz y ver esa luz.
Aunque también es cansado. Las patas duelen de tanto pisar el suelo frío, y no suele haber mucha comida para un ganso entre cuatro paredes. A pesar de la incomodidad, Okka intenta no modificar nada en el interior de la casa. La acústica es algo muy delicado con lo que no hay que jugar, y una simple moqueta sobre la que dormir puede hacer que la voz que oye no sea tan verdadera.
A medida que pasa el tiempo, Okka mira cada vez más por la ventana, y calla mientras observa el viento arrastrando las hojas. Con cuidado, engrasa los goznes de la puerta, para que el próximo ganso tenga fácil la entrada.
Un día, Okka se marcha. Hay gansos que han nacido para vivir a cubierto, y gansos que están hechos para vivir al aire libre, y ella no es de los primeros.
Mientras vuela alejándose, se pregunta qué hará el día en que entre en una casa y oiga su propia voz.
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posted by Rapunzell @ 8/20/2002 04:16:00 PM   |
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| 8/17/2002 |
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No es que haya mucho que contar...
...pero sé lo que fastidia enlazar al blog de un colega y que no haya nada nuevo, así que he decidido escribir hoy. ¿Novedades interesantes? Pues hombre, cosas divertidas sí me han pasado, pero el carácter público de mi blog me inhibe un poco a la hora de contarlas. Puedo contar, eso sí, cosas estupendas que han hecho otros. Por ejemplo, Rafa, The Walrus, ha terminado el midi que se ofreció a componer para mi web. Es un lujazo tener una composición original sonando en tu página, y me anima a retomarla de una vez y convertirla en algo publicable de verdad. Ya tendréis oportunidad de escucharlo, pero os adelanto que es una preciosidad (no, no se me ocurre otra forma menos cursi de decirlo, adivinaste).
Beor y Jofán están de Jornadas de rol en Gijón. Yo estuve tentada de ir, pero sólo me quedan quince días para preparar los exámenes, y he decidido ser una chica responsable. Por otro lado, acabo de atrapar uno de esos infectos microorganismos que acechan en los filtros del aire acondicionado, así que no se puede decir que esté en las mejores condiciones para estudiar. Claro que si encontrara un sistema para comercializar mocos, podría sacarme una pasta...
¿Repugnante? Sí, que le vamos a hacer. Si queréis leer algo decente, no dejéis de pasaros por el blog de dile (enlace en la parte superior de la página, gracias por no obligarme a escribirlo de nuevo) y leer la crónica de su estancia en el pueblo. No perdáis esta oportunidad de ver la otra cara de la luna.
Y si de paso os pasáis por el resto de los enlaces, encontraréis más material decente, cosas de gente que cuenta cosas. Yo ahora sólo cuento kleenex.
Pero todo va bien, que conste.
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posted by Rapunzell @ 8/17/2002 04:29:00 PM   |
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| 8/08/2002 |
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Libro de Ruta del Campa
En estos momentos lo estoy subiendo a la red. tengo problemas para meterlo en la sección de enlaces, aunque espero que se solucionen pronto.
Libro de Ruta |
posted by Rapunzell @ 8/08/2002 11:06:00 PM   |
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| 8/03/2002 |
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Una caja de Pharmaton, por favor...
Es lo que le dije al farmacéutico de la farmacia El Globo (24 horas abierta, metro Antón Martín, Madrid). Un pastillazo de vitaminas a las dos de la mañana me ha rescatado del coma y empiezo a regir un poco más. No mucho más, sólo un poco. Al menos ya no me parece una odisea cambiar de lado al dormir.
Un par de cápsulas más, combinadas con los reconfortantes guisos de mamá y el airecillo rural, y estará de vuelta la Rapunzell que todos conocéis y apreciais. O no.
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posted by Rapunzell @ 8/03/2002 04:33:00 PM   |
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| 8/02/2002 |
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Estupendas ganas de no hacer nada, oiga...
Y el tener el ordenador a diez minutos de mi casa no ayuda mucho. He leído el correo una vez en tres días, con lo puntual que yo era. Y tenía prevista una estupenda crónica de mi estancia en Asturias, pero como el viento siga soplando en la misma dirección, me parece que la previsión se muere.
Sólo me apetece tumbarme en la cama a leer un par de páginas mientras recupero fuerzas para volver a dormir. Astenia veraniega.
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posted by Rapunzell @ 8/02/2002 08:27:00 PM   |
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