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| 5/27/2002 |
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De mi irracional afecto por mi coche.
Ésta es una clásica charla que la mayoría de mis amigos han escuchado alguna vez. Dado que no tengo tantos buenos amigos como para arriesgarme a perderlos repitiendo el asunto, creo que éste es un buen medio para reflexionar en voz alta sobre ello.
Soy la feliz propietaria de un viejo Ford Fiesta de trece años. Hace unos meses, un desgraciado con una furgoneta blanca me embistió desde atrás mientras yo, detenida ante una señal de stop, intentaba encontrar el momento menos peligrosoi para incorporarme a una autovía. A pesara de que el repartidor firmó el informe del seguro en el que reconocia su responsabilidad, los buitres de las aseguradoras tienen la tendencia a declarar fuera de combate a cualquier automóvil de la edad del mío en cuanto el valor de la reparación excede el de un paquete de pipas.
Hasta aquí, la conocida historia "yo iba por mi derecha". Lo curioso del asunto es que mantuve la calma razonablemente bien durante el incidente, me fui a trabajar a dos sitios distintos en mi damnificada máquina, llevé la notificación a la aseguradora y regresé a casa. Y minutos después me encontré llorando como una cretina en el sofá de casa. La parte de mí que yo llamo "mi japonés interior", ese observador externo de escenas, intentaba averiguar por qué me sentía tan triste. repasé las opciones: problemas futuros para cumplir compromissos laborales, el papeleo esperable, la posibilidad de regresar al status de peatona forzosa...
Y por fin, llegó a la conclusión de que estaba llorando por el coche en sí. Ridículo. Yo, que no lloro ni con la cebolla, estaba hecha una dama de las camelias (por el moqueo, no por la tos, ésa es por el tabaco) por un aglomerado de metal y plástico lleno de abolladuras. Mi madre, sobrecogida al otro lado del teléfono por mi disgusto, me ofrecía sus modestos ingresos para comprar un coche nuevo.
Pero es que yo no quiero un coche nuevo. Yo quiero mi coche. Yo quiero a mi coche.
¿Por qué he desarrollado una emoción tan inadecuada hacia un objeto inerte? Y al intentar responder a esa pregunta, me di cuenta de que se trata de una cuestión de fidelidad recíproca. Por muy infaltilmente animista que suene, mis sentimientos hacia mi Ford no son otra cosa que reciprocidad hacia una máquina que, a diferencia del ordenador, el vídeo, la campana extractora del piso, el metro en hora punta y algún que otro familiar, no me ha fallado jamás. Es una máquina noble y leal, que hace exactamente lo que se espera de ella.
Nunca he salido con la hora justa y me he encontrado con problemas de arranque. Jamás he tenido que ir a trabajar a algún pueblo a las afueras de Madrid y me he encontrado, a la hora prevista para la actuación, aparcada en el arcén con la lata de aceite en la mano y cara de desesperación. En una ocasión le partí el radiador contra el parachoques trasero de un Chysler (grandes coches esos, ni un arañazo en la pintura) mientras iba a trabajar a una población de cuyo nombre no quiero acordarme, y mi coche me llevó a mi destino y de vuelta a casa sin protestar. Ni un subidón en el indicador de temperatura.
He llegado a pensar que, como esos viejos caballos del siglo pasado cuyo futuro próximo parecía la fábrica de comida para perros, mi coche sabe que el día que lo compré lo salvé del desguace inmediato. Y el día que lloré lo hice pensando en la tremenda injusticia que supondría que una máquina tan fiel y abnegada fuera descuartizada sólo por que yo sea una persona de ingresos limitados, las compañías de seguros unos monstruos sin corazón y el tipo de la furgoneta blanca un insensato que no sabe que algunos conductores sí hacemos caso a las señales de tráfico.
Supongo que después de este relato estaréis tan conmovidos que las lágrimas no os dejarán leer con comodidad, así que dejaré que os recuperéis.
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posted by Rapunzell @ 5/27/2002 10:22:00 PM   |
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| A saber por qué estoy escribiendo ahora aquí. Me refiero, en concreto, a que clase de pulsión me conduce a expresar mis pensamientos en público, como si fueran algo que realmente deseara compartir con cualquiera que sepa leer castellano y no tenga nada mejor que hacer. Quizás la imitación (mi amigo Dilettante tiene un blog, pero es que él SABE ESCRIBIR), o el probar algo nuevo, yo qué sé. veamos que sale de esto. |
posted by Rapunzell @ 5/27/2002 09:49:00 PM   |
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